Bajo el manto protector de Santa MarÃa, con el corazón anclado en Jesús, mis pasos se pierden entre estas montañas que guardan el susurro de lo eterno. Cada sendero, cada roca bañada por el sol o acariciada por la niebla, es testigo de una fe que camina, de un amor que no conoce fronteras. ¡Oh, …





